martes, 6 de diciembre de 2011

Imagen de la mujer proyectada por los medios de comunicación



Los medios de comunicación nos “bombardean” desde hace décadas con una imagen de la mujer dirigida al deseo masculino que parece haberse acentuado en la actualidad. La imagen de la mujer más habitual en los medios tiene principalmente dos representaciones, la mujer como objeto sexual y la mujer que lucha contra el paso del tiempo, en el caso de las mujeres adultas. Las mujeres estamos tan acostumbradas a vernos a través de los ojos de los hombres que nos cuesta reconocer nuestras propias necesidades y deseos, lo que queremos realmente y lo que nos hace más felices.

La sociedad panameña se caracteriza por una fuerte corporeidad sexuada, (macho/hembra), y por la valoración social de las mujeres en términos de diferencia/inferioridad. Las noticias que publican los diarios y periódicos muestran una visión deformada de la mujer, en la mayoría de las ocasiones representada como víctima, objeto sexual, dominada o violentada. En la radio el manejo de la temática femenina continúa siendo tradicional; además, existe una clara invisibilidad de las mujeres como entrevistadas cuando se trata de temas políticos y económicos que afectan al país. La televisión es el medio en el cual la imagen de la mujer se ve más afectada, ofrece una sobre exposición de noticias violentas con mujeres como protagonistas y la imagen de la mujer en telenovelas y publicidad es la de mero objeto sexual. La publicidad sigue representando los roles tradicionales de mujeres y hombres y reafirmando los estereotipos sexistas. Todo ello refuerza, como decíamos, la ideología sexual, o como decía Millet, la política sexual implícita, e influye profundamente en las mujeres y su seguimiento a normas para presentarse, a través de sus cuerpos, en la sociedad.

Desde hace unos años es notable el auge de la cirugía estética en Panamá. Los hospitales privados han comenzado a ofrecer cirugías estéticas menores, incluso existen empresas de viajes que promueven paquetes turísticos con el agregado de una cirugía estética menor, siguiendo el modelo de “turismo médico-estético” de otros países de América Latina, como Colombia, Argentina o Costa Rica. Por otro lado, algunas aseguradoras panameñas ofrecen ofertas especiales como descuentos y bonos para cirugías estéticas a mujeres que adquieren seguros vehiculares. Otro hecho cada vez más común es que las niñas soliciten a sus padres una operación estética, la de aumento de pechos por ejemplo, como regalo al cumplir los 15 años, en lugar de la tradicional fiesta que se celebra cuando las niñas llegan a dicha edad.

En una entrevista realizada en el año 2008 en la revista Sports and Healts a dos cirujanos plásticos panameños a la pregunta “¿Cuál es la relación con sus pacientes?” uno de ellos responde: “Hay de todo tipo. En ocasiones, la interacción nos convierte en amigos, y psicólogos, pues se han dado casos en que mujeres por citar un ejemplo, vienen pensando que si se hacen un tratamiento su esposo no las va a dejar” (…). Esta respuesta ejemplifica claramente cómo el cuerpo legítimo de la mujer sigue siendo hoy día un producto del hombre.

Por otro lado es muy usual en el país la discriminación a las mujeres afrodescendientes por llevar su cabello rizado natural; debido a la misma la mayoría de las mujeres, con ayuda de productos químicos y otras técnicas, modifican su cabello para llevarlo lacio, acorde con la moda estética dominante. Muchas mujeres cuentan haber tenido experiencias desagradables a la hora de buscar un empleo, pues se les ha sugerido directamente que fueran al salón de belleza para que le quitaran ese “crespo”. Esta discriminación es el resultado de la relación de dos de las marcas del cuerpo que se convierten en fuente de evidencias sociales relacionadas con la identidad, el sexo y el grupo étnico.

Es necesario volver a poner sobre la mesa el debate sobre la imagen estereotipada de las mujeres que reflejan la publicidad y los medios de comunicación y poner en marcha estrategias de información, educación y comunicación que incluyan el monitoreo de los mismos, tal y como se recomendó en Beijing en 1995. Tener en cuenta el intento de construcción social e histórica de una identidad femenina normativa y homogénea, utilizando los medios de comunicación, permitirá una toma de conciencia liberadora para las mujeres.